Desde que España comenzó su participación en el Mundial de Sudáfrica, un numeroso grupo de ciudadanos han vivido pendientes del día y la hora de los encuentros de nuestra selección, máxime tras la pérdida del primer partido ante Suiza.
Con la posibilidad de ver los partidos a las 20.30, tras la vuelta del trabajo, y tras el pase a octavos, cuartos, y la angustiosa clasificación para semifinales, la euforia ha ido en aumento, como también lo ha ido la exhibición de banderas, gorras y camisetas.
Esos forofos ciudadanos que desde que comenzó el Mundial viven en su propia “realidad virtual” ajenos por completo a los ordinarios problemas laborales e hipotecarios, puesto que lo único que importa es el intervalo temporal hasta el próximo partido de la selección, mucho me temo que mañana tras el encuentro pasarán de golpe y sin adaptación al final de “realidad virtual".
Con la posibilidad de ver los partidos a las 20.30, tras la vuelta del trabajo, y tras el pase a octavos, cuartos, y la angustiosa clasificación para semifinales, la euforia ha ido en aumento, como también lo ha ido la exhibición de banderas, gorras y camisetas.
Esos forofos ciudadanos que desde que comenzó el Mundial viven en su propia “realidad virtual” ajenos por completo a los ordinarios problemas laborales e hipotecarios, puesto que lo único que importa es el intervalo temporal hasta el próximo partido de la selección, mucho me temo que mañana tras el encuentro pasarán de golpe y sin adaptación al final de “realidad virtual".
La selección española en este curioso mundial en el que se ha librado de jugar contra Italia, Francia, Inglaterra, Brasil y Argentina, se enfrenta ahora a una de las “grandes” y sinceramente creo que tenemos las de perder porque la selección alemana es bajo mi humilde punto de vista muy superior a la española.
